Como últimamente hemos vivido muchas situaciones deportivas de impulsividad y falta de autocontrol dentro y fuera de los terrenos de juego, considero importante tratar este tema, por ser esta habilidad precisamente la que puede hacer que deportistas, padres y entrenadores reaccionen de manera apropiada, rindan al máximo, logrando el “tan deseado” funcionamiento óptimo incluso en las situaciones más complicadas o difíciles.

Para deportistas, padres y entrenadores resulta primordial desarrollar la capacidad de autocontrolar su impulsividad, sus emociones y su conducta en general, sobre todo deben estar preparados para tener autocontrol en las situaciones adversas (con el marcador en contra, un error importante, cuando están cansados, nerviosos etc.) ya que es en éstas precisamente cuando resulta más difícil y se corre el peligro de funcionar impulsivamente “en automático” perdiendo el control.

Una de las tareas del Psicólogo del Deporte es precisamente el trabajo con los deportistas, padres y entrenadores para dotarles de las estrategias de autocontrol más apropiadas en cada caso concreto.

Para poder tener autocontrol sobre el propio comportamiento es muy importante autoobservarse, prestando atención a lo que pienso, me digo, siento y hago, discriminando con precisión cuando lo que estoy haciendo, sintiendo, pensando o diciendo, favorece o no a mi funcionamiento óptimo en ese momento. Se deben observar los aspectos más importantes que pueden provocar comportamientos inapropiados. ¿Qué ha pasado?. ¿Qué he hecho?. ¿Cómo he reaccionado?. ¿Qué he pensado?. Es importante darse cuenta de las acciones y reacciones en determinadas situaciones, así podremos conocer y controlar lo que nos interfiere, pudiendo rendir en las mejores condiciones posibles.

La habilidad de autoobservación, autoconocimiento y autocontrol debe llegar a ser parte de un estilo de funcionamiento personal caracterizado por un estado de alerta y control respecto a todo aquello que puede afectar a nuestro funcionamiento óptimo.