En un artículo que aparece en el periódico deportivo MARCA, Luis Enrique explica las razones que le han llevado a dejar dirección técnica de la Roma la próxima temporada.   «Estoy Cansado necesito descansar», «como no podré recuperar las fuerzas este verano, me marcho y el próximo año no entrenaré de seguro». Esto que parece algo excepcional o extraordinario, es mucho más habitual de lo que pensamos entre las personas que trabajan para lograr el máximo rendimiento propio y ajeno.

Los entrenadores al igual que los deportistas de elite a los que entrenan, están expuestos continuamente a múltiples situaciones estresantes, realizando diariamente un gran número de tareas que les exige un constante sobreesfuerzo físico y mental.

Sin tomarse apenas descanso, deben rendir al máximo para enfrentar los retos que se les presentan y lograr resultados satisfactorios.

Entre sus funciones está la de coordinar y liderar a todos sus colaboradores. Esto implica estar preparado para asumir responsabilidades y riesgos, teniendo que tomar decisiones difíciles, y actuar con rapidez, para lograr el máximo rendimiento de todos y cada uno de los miembros de su equipo. Y todo esto bajo una constante evaluación social, de la cual es muy difícil aislarse.

 

Expuestos a tales situaciones estresantes, los entrenadores son víctimas de una sobreactivación que les obliga a realizar un sobreesfuerzo físico y psicológico para controlarlas eficazmente, produciéndoles un considerable y paulatino desgaste.

Muchos entrenadores disponen de los recursos apropiados y los emplean adecuadamente para hacer frente a las situaciones estresantes propias del alto rendimiento, pero esto no significa que el estrés esté controlado. Además deben aprender a utilizar estrategias que les ayuden a restablecer la energía consumida y recuperarse bien del sobreesfuerzo realizado en la utilización de tales recursos.

Resulta por tanto trascendental, que los entrenadores, incorporen a su repertorio de habilidades de liderazgo, las de recuperación física y mental, de lo contrario irán sufriendo un desgaste paulatino y progresivo, que repercutirá negativamente en su salud y su rendimiento, derivando en agotamiento psicológico, como consecuencia del constante sobrefuncionamiento del organismo.

Los entrenadores al igual que los deportistas para lograr un funcionamiento óptimo, necesitan descansar, desconectar e intentar buscar en la medida de lo posible un equilibrio entre la vida laboral y personal. Esto, que visto desde fuera parece sencillo, a muchos entrenadores no les resulta fácil de llevar a cabo ya que son personas muy perfeccionistas, con una autoexigencia y autocrítica tan elevadas que no les permite funcionar de otra manera.