El entrenador y los padres de los jugadores de categorías inferiores tienen una gran responsabilidad, ya que de ellos depende en gran medida, que esta actividad deportiva resulte divertida y gratificante a la vez que formativa. Para lograrlo deben tener claro que el objetivo prioritario en estas edades es el aprendizaje, debiendo prevalecer siempre por encima del resultado.

En el entrenamiento es aconsejable dedicar bastante tiempo a la enseñanza, insistiendo en aquellos aspectos que los jugadores no dominan, el apoyo y ayuda del entrenador es fundamental para que los jugadores progresen, manteniendo una actitud constructiva y positiva. Resulta crucial que los niños tengan claro qué es, exactamente, lo que tienen que hacer y a lo que tienen que prestar atención, para ello el entrenador puede utilizar demostraciones y explicaciones muy clara y cortas, sin pretender que asimilen muchos conceptos en poco tiempo.

Hay que tener en cuenta, que el desarrollo de las habilidades de los jugadores jóvenes es progresivo, por lo que el entrenador y los padres deben ser muy pacientes y respetar que el ritmo de aprendizaje es diferente de unos niños a otros, evitando hacer comparaciones con otros jugadores o entre los miembros del equipo. Es importante que se les exija esfuerzo y rendimiento, pero siempre en función de sus posibilidades reales, sin pedirles más de lo que realmente pueden hacer, de esta forma se contribuye al fortalecimiento de la “percepción de control”, que es la base de la autoconfianza.

En estas edades los errores son muy habituales tanto en los entrenamientos como en los partidos, el entrenador y los padres deben aceptarlos con naturalidad, como parte del proceso de aprendizaje y maduración de los jugadores, y en lugar de destacar, fundamentalmente, los errores o quejarse de lo que hacen mal, es más apropiado que, sobre todo, destaquen los aciertos y muestre satisfacción por lo que hacen bien. Los elogios y las palabras de aprobación deben predominar, de forma clara, sobre otro tipo de comentarios, para reconocer el esfuerzo y buenas acciones de los jugadores; pero no se bebe hacer de manera arbitraria, sino como consecuencia de conductas concretas que los merezcan.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta, es la capacidad limitada que en general tienen los jóvenes para aceptar constructivamente las críticas, por lo que es trascendental ser muy cuidadoso y respetuoso con la forma en la que se les plantea las críticas, ya que pueden ser interpretadas de forma negativa y debilitar su autoconfianza y autoestima.

Los partidos no deben ser un fin, sino un medio complementario a las sesiones de entrenamiento, se deben utilizar como valiosas experiencias formativas que, sea cual sea el resultado, contribuyan al progreso de los jugadores individualmente y como equipo.

Es muy importante que el entrenador y los padres sean un ejemplo de comportamiento para los niños y aprendan a controlar sus propias emociones, evitando que su nerviosismo les haga actuar inapropiadamente, chillando de mala manera para recriminarles por sus errores, dándoles muchas instrucciones y presionándoles para ganar o interfiriendo con la labor del árbitro. Estos comportamientos desconcentran y ponen nerviosos a los jugadores, repercutiendo negativamente en su rendimiento.

Por último, no podemos olvidar, que en estas edades es fácil que los niños asocien su valor como personas al éxito deportivo; sobre todo cuando entrenador y/o sus padres dan demasiada importancia a los resultados. Para muchos niños, los mejores momentos con su entrenador y sus padres, cuando los ve más contentos, comunicativos y recibe mayor atención de ellos, son los días que ganan. Esta situación puede derivar en que los niños tengan miedo a defraudarles si pierden o cometen errores y les preocupe en exceso no ser capaces de responder satisfactoriamente a lo que piensan esperan de ellos, lo que hace que se sientan muy presionados y los partidos se conviertan en una situación tan estresante, que les impide disfrutar y poner en práctica lo aprendido en los entrenamientos.

Artículo publicado en la revista de fútbol base El Don del Gol